D. Ramón Alfredo Mirada Muñoz
Don Ramón Alfredo Mirada Muñoz, sacerdote diocesano de Getafe, nos habla en este bloque de «El Sacerdote» sobre varios temas interesantes que nos ayudan a profundizar en la gran misión encomendada al sacerdote. Tras haber vivido una vida muy alejada de Dios, su experiencia personal de la misericordia de Dios es un testimonio de esperanza para todos. Destaca su profundo amor a Jesús Eucaristía y su fiel dedicación a los ministerios del sacerdocio. El padre Ramón nos transmite la alegría que proviene de responder generosamente a la llamada de Dios y de entregarse a una vida de servicio, apoyado en la gracia de Dios que nos sostiene.
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Hacer presente a Jesús mediante la celebración de la Santa Misa es la misión más importante del sacerdote. Su vida debe configurarse con Cristo, víctima y sacerdote, que se ofrece al Padre para la redención del mundo. Don Ramón Mirada anima a los sacerdotes a vivir la Misa cada día con más fervor y a esforzarse por mantener una unión íntima con Jesús, especialmente en el momento de comulgar.
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Don Ramón Mirada recuerda el 12 de octubre de 2011, el día de su ordenación sacerdotal, como uno de los días más felices de su vida. Nos cuenta su experiencia de asombro y paz ante la grandeza de lo que Dios obró en él aquel día, a pesar de su pobreza y pequeñez. Don Ramón nos anima a confiar en el Señor, ya que es fiel y cumple sus promesas.
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En este primer programa, se presenta don Ramón, sacerdote diocesano de Getafe. Ordenado en 2011, nos habla de su experiencia en estos años de sacerdocio. Tras haber entregado su vida al amor, busca hacer que Jesús sea amado por todos y llevar ese amor a las almas. Demos gracias a Dios por los sacerdotes y recordemos las palabras del Señor: «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9, 38).
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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