Banner Hacia lo alto

Los santos nos invitan a elevar la mirada «Hacia lo alto», hacia el Cielo, hacia Dios. Nos invitan a no quedarnos en lo que el mundo nos ofrece, sino a poner nuestro corazón en los bienes eternos y verdaderos. La subida a esta cima puede costarnos esfuerzo, pero merece la pena. Los Siervos y Siervas del Hogar de la Madre nos presentan en este programa las vidas de aquellos que ya han alcanzado la meta y que nos invitan a mirar «Hacia lo alto».

 

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En este «Hacia lo alto», la Hna. Rachel Newton —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda con la vida de la beata Imelda Lambertini que Dios, amor infinito, quiere entrar en el corazón finito del hombre. Imelda tenía un gran deseo de recibir a Jesús sacramentado pero no tenía la edad requerida. Un día, a los nueve años, se quedó después de Misa en oración y los que estaban fuera vieron cómo salía una luz de la capilla; y al entrar vieron que encima de Imelda había una forma consagrada. El sacerdote entendió en ese momento que era voluntad de Dios entrar en ella y accedió a darle la comunión. Al recibirla, Imelda muere de amor.

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Beata Imelda Lambertini y la Eucaristía

En este «Hacia lo alto», la Hna. Rachel Newton —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda con la vida de la beata Imelda Lambertini que Dios, amor infinito, quiere entrar en el corazón finito del hombre. Imelda tenía un gran deseo de recibir a Jesús sacramentado pero no tenía la edad requerida. Un día, a los nueve años, se quedó después de Misa en oración y los que estaban fuera vieron cómo salía una luz de la capilla; y al entrar vieron que encima de Imelda había una forma consagrada. El sacerdote entendió en ese momento que era voluntad de Dios entrar en ella y accedió a darle la comunión. Al recibirla, Imelda muere de amor.

Santa Clara de Asís y la Eucaristía

En este «Hacia lo alto», la Hna. Sara Lozano —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda, con la vida de Santa Clara de Asís, que Dios es todopoderoso y tiene el poder para defendernos con y desde la Eucaristía, si creemos y acudimos a Él con confianza y humildad. «Yo te defenderé siempre», fue la promesa de Nuestro Señor a Santa Clara, pero con una condición: «Si cumplen los mandamientos». Un alma bien dispuesta gracias a los mandamientos puede ser protegida y fortalecida por el mismo Señor en la Eucaristía. Esto lo vivió y nos lo recuerda Santa Clara de Asís.

Alexandrina da Costa y la Eucaristía

La vida de Alexandrina da Costa proclama el triunfo del poder de Dios en el alma que, a pesar de su debilidad, lucha por ser fiel en el seguimiento de Cristo. El P. Luke DeMasi —Siervo del Hogar de la Madre— nos presenta en este «Hacia lo alto» la vida de esta joven que, a los catorce años, se lanzó desde una altura de cuatro metros en defensa de su virginidad. Tras el impacto, el Señor le concedió todavía la fortaleza para levantarse y defender la integridad de su hermana y su amiga. Pero el golpe dañó gravemente su columna y con solo veinte años quedó totalmente paralítica. El Señor le concedió la gracia de alimentarse únicamente de su Cuerpo y su Sangre en la Santa Eucaristía, algo que los médicos nunca consiguieron explicar.

San Francisco Marto

En este «Hacia lo alto», la Hna. Sara Lozano —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda el amor a Jesús en la Eucaristía de San Francisco Marto, uno de los pastorcitos videntes en las apariciones de la Virgen de Fátima, en Portugal. Jesús dio su vida por nuestra salvación y para llevarnos al Cielo con Él. A cambio de esto, solo recibe ingratitudes. Francisco Marto, con 9 años, junto con su hermana Jacinta de 6 y su prima Lucía de 10, recibe la misión de consolar a Jesús en la Eucaristía y estar con Él en el Sagrario para reparar con su amor al Amor que no es amado. San Francisco Marto nos invita también a nosotros a consolar y ser consolados por Jesús en la Eucaristía.

Manuel Foderà y la Eucaristía

En este «Hacia lo alto», la Hna. Estela Morales, Sierva del Hogar de la Madre, nos presenta la vida del niño Manuel Foderà, nacido en Trapani, Italia. Manuel solo tenía cuatro años cuando recibió un terrible diagnóstico: «Infiltración masiva de un neuroblastoma de estadio IV que ha invadido las crestas ilíacas de la pelvis». Pero Manuel ofrecía sus dolores para «convertir el mayor número de almas» y Jesús lo proclamó «guerrero de la luz». Manuel tomaba fuerzas de la Eucaristía y experimentaba la necesidad de recibirle todos los días en la comunión. Se convirtió en un apóstol de la Eucaristía. Manuel nos recuerda que Jesús nos escucha y habla en la Eucaristía.

La pequeña Li y la Eucaristía

En este programa de «Hacia lo alto», el P. Luke DeMasi —Siervo del Hogar de la Madre— nos cuenta la vida de una pequeña mártir de la Eucaristía, una niña llamada Li, víctima de la China comunista. Un día, Li presenció cómo los comunistas entraban en la parroquia de su pueblo y profanaban el Sagrario, arrojando 32 Sagradas Formas al suelo. Inspirada por Dios, acudió todas las noches a la iglesia para hacer una Hora Santa de oración y comulgar una Sagrada Forma cada vez. La noche número treinta y dos, fue descubierta y asesinada por un soldado comunista. Este testimonio ha transformado la vida de muchas personas, entre ellas la del obispo Fulton J. Sheen que, tras escuchar el testimonio de Li, prometió a Dios que cada día de su vida haría una Hora Santa de oración frente a Jesús Sacramentado.

Carlo Acutis y la Eucaristía

En este «Hacia lo alto», la Hna. Sara Mª Jiménez, Sierva del Hogar de la Madre, presenta la vida de Carlo Acutis, joven ciberapóstol italiano. Fallecido a los 15 años, Carlo no perdió el tiempo de su corta vida, hasta el punto de poder decir: «No tengo miedo a morir porque no he malgastado ni un solo momento de mi vida en aquello que no agrada a Jesús». Desde muy pequeño, su corazón rebosaba de amor por Jesús Eucaristía, arrastrando tras de sí a su familia y amigos. Nunca perdió de vista su meta: el Cielo. Y llegó allí, como él mismo explicaba, a través de una «autopista»: la Eucaristía.

San Damián de Molokai y la Eucaristía

En este «Hacia lo alto», y con la vida de San Damián de Molokai, el P. Luke DeMasi —Siervo del Hogar de la Madre— nos recuerda que la verdadera y única fuente de todo apostolado es la Eucaristía.

El Padre Damián fue voluntariamente a Molokai por amor a las almas de los leprosos. Nadie quería acercarse a ellos por miedo al contagio, pero este sacerdote, preocupado por la vida espiritual de estos pobres enfermos, los asistió hasta entregar su propia vida. Las fuerzas las sacaba de una fe firme en que la Eucaristía es Jesús, el Hijo de Dios, presente y vivo.

Los mártires de Abitinia y la Eucaristía

En este «Hacia lo alto», la Hna. Sara Lozano —Sierva del Hogar de la Madre— nos relata la heroica muerte de los mártires de Abitinia, víctimas del sangriento reinado del emperador romano Diocleciano. Solo querían celebrar la Misa dominical. Pero les fue negado este derecho y, torturados para apartarlos de la Eucaristía, prefirieron morir por Cristo que vivir sin Él. Pidamos por su intercesión la fortaleza de vivir con valentía nuestra fe en toda su integridad.

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