
Los santos nos invitan a elevar la mirada «Hacia lo Alto», hacia el Cielo, hacia Dios. Nos invitan a no quedarnos en lo que el mundo nos ofrece, sino a poner nuestro corazón en los bienes eternos y verdaderos. La subida a esta cima puede costarnos esfuerzo, pero merece la pena. Los Siervos y Siervas del Hogar de la Madre nos presentan en este programa las vidas de aquellos que ya han alcanzado la meta y que nos invitan a mirar «Hacia lo Alto».
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San Maximiliano vivió completamente enamorado de la Virgen, amándola y haciendo amar a aquella a quien ofrecía cada día toda su vida. Siendo sacerdote franciscano fundó la Milicia de la Inmaculada y propuso a todos sus miembros llevar la medalla de la Milagrosa, arma más fuerte que cualquier bala que pueda uno tirar contra el enemigo para vencerle. Un santo que murió dando su vida por caridad en el campo de concentración de Auschwitz tiene mucho que enseñarnos hoy. No te pierdas su historia en «Hacia lo Alto», de la mano de Marta del Pilar Calandra.
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En este programa de «Hacia lo Alto», el P. Luke DeMasi —Siervo del Hogar de la Madre— nos recuerda el poder del amor de Jesús Eucaristía con la vida de San Antonio María Claret. San Antonio fue un religioso español, misionero apostólico, arzobispo de Santiago de Cuba, confesor de la Reina Isabel II de España, fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María y de la congregación de las religiosas de María Inmaculada, misioneras Claretianas. Los doctores que le atendían no podían explicarse cómo podía seguir con gran ánimo y decían de él: "Hay una fuerza sobrenatural que está empujando a ese hombre".
El amor que tenía a Jesús Eucaristía le llevó a recibir la gracia de preservar las especies eucarísticas en su corazón minutos después de recibirlo en la comunión.
Con su vida podemos ver la importancia de la acción de gracias, la presencia de Jesús vivo realmente en la Eucaristía y el amor que Dios hecho hombre tiene por nosotros.
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En este «Hacia lo Alto», la Hna. Isabel Jordán —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda la fuerza de Jesús presente en la Eucaristía con la vida de San Estanislao Kostka. San Estanislao luchó por comulgar todos los días en un tiempo en el que el protestantismo estaba en todo su auge en Viena en su estadía en Austria. Había un odio ferviente contra Jesús en la Eucaristía, contra la Misa, contra la Virgen, y sumado a esta lucha, su hermano intenta alejarlo de la fe invitándolo a fiestas y a una vida cómoda.
A su corta edad empieza una vida mística y conoce que la voluntad de Dios es que se consagre en la Compañía de Jesús. A los dieciocho años entra y a los diez meses de ingresar en la Compañía, durante la tarde de la festividad de San Lorenzo mártir, el 10 de agosto de 1568, Estanislao cayó enfermo. Entregó a sus compañeros una carta dedicada a la Virgen María rogándole que lo llamara a los cielos para celebrar la fiesta de la Asunción de María con ella. El 15 de agosto, alrededor de las 4 de la mañana, mientras estaba absorto en sus oraciones, fallece un gran amante de Jesús Eucaristía y de la Virgen Madre.
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En este «Hacia lo Alto», el P. Félix López —Superior general de los Siervos del Hogar de la Madre—, recuerda que la Primera Comunión de Sta. Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz fue «como el primer beso de Jesús a su alma». Ya desde muy pequeña, Sta. Teresita conoció a Dios en su misma familia. De hecho, su casa parecía «una escuela de santidad», donde se sembró la semilla del amor a la Eucaristía que preparó su corazón para poder recibirlo.
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En este «Hacia lo Alto», la Hna. Isabel Jordán —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda que, a los que luchan por ser limpios de corazón, la Eucaristía les da la fuerza para ser fieles tanto en las pequeñas cosas como en las más difíciles, como es el martirio. Pierina Morosini luchó por defender su fe asistiendo diariamente a la Eucaristía, aun cuando ponía en riesgo su vida. Estuvo presente en la beatificación de Santa María Goretti y, ante el desprecio de uno de los presentes por el sacrificio de María Goretti, exclamó: «Yo también me dejaría matar... ¡Me gustaría! ¡Qué alegría! ¡Yo también!». Dios escuchó el deseo del corazón de Pierina y un día, saliendo del trabajo, fue atacada con la intención de ser violada. Ante su heroica resistencia, fue golpeada brutalmente en la cabeza hasta morir. Esta es la gloria de Dios en la vida de los limpios de corazón que se alimentaron de la Eucaristía y ahora pueden ver a Dios.
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En este «Hacia lo Alto», el Hno. Joaquín Rauer —Siervo del Hogar de la Madre— nos presenta la figura de Sta. Teresa del Niño Jesús, tan conocida por su camino de pequeñez y confianza que la llevó como una flecha al Cielo con tan solo veinticuatro años. Y es que Dios se complace en sus pequeños. Pero un aspecto menos conocido de la grandeza espiritual de Teresita es su profundo espíritu eucarístico. Desde su infancia, se enamoró de Jesús presente en la Eucaristía, amor que le llevó a poder exclamar con San Pablo al final de su vida: «Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí».
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En este «Hacia lo alto», la Hna. Rachel Newton —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda con la vida de la beata Imelda Lambertini que Dios, amor infinito, quiere entrar en el corazón finito del hombre. Imelda tenía un gran deseo de recibir a Jesús sacramentado pero no tenía la edad requerida. Un día, a los nueve años, se quedó después de Misa en oración y los que estaban fuera vieron cómo salía una luz de la capilla; y al entrar vieron que encima de Imelda había una forma consagrada. El sacerdote entendió en ese momento que era voluntad de Dios entrar en ella y accedió a darle la comunión. Al recibirla, Imelda muere de amor.
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En este «Hacia lo alto», la Hna. Sara Lozano —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda, con la vida de Santa Clara de Asís, que Dios es todopoderoso y tiene el poder para defendernos con y desde la Eucaristía, si creemos y acudimos a Él con confianza y humildad. «Yo te defenderé siempre», fue la promesa de Nuestro Señor a Santa Clara, pero con una condición: «Si cumplen los mandamientos». Un alma bien dispuesta gracias a los mandamientos puede ser protegida y fortalecida por el mismo Señor en la Eucaristía. Esto lo vivió y nos lo recuerda Santa Clara de Asís.
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La vida de Alexandrina da Costa proclama el triunfo del poder de Dios en el alma que, a pesar de su debilidad, lucha por ser fiel en el seguimiento de Cristo. El P. Luke DeMasi —Siervo del Hogar de la Madre— nos presenta en este «Hacia lo alto» la vida de esta joven que, a los catorce años, se lanzó desde una altura de cuatro metros en defensa de su virginidad. Tras el impacto, el Señor le concedió todavía la fortaleza para levantarse y defender la integridad de su hermana y su amiga. Pero el golpe dañó gravemente su columna y con solo veinte años quedó totalmente paralítica. El Señor le concedió la gracia de alimentarse únicamente de su Cuerpo y su Sangre en la Santa Eucaristía, algo que los médicos nunca consiguieron explicar.
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En este «Hacia lo alto», la Hna. Sara Lozano —Sierva del Hogar de la Madre— nos recuerda el amor a Jesús en la Eucaristía de San Francisco Marto, uno de los pastorcitos videntes en las apariciones de la Virgen de Fátima, en Portugal. Jesús dio su vida por nuestra salvación y para llevarnos al Cielo con Él. A cambio de esto, solo recibe ingratitudes. Francisco Marto, con 9 años, junto con su hermana Jacinta de 6 y su prima Lucía de 10, recibe la misión de consolar a Jesús en la Eucaristía y estar con Él en el Sagrario para reparar con su amor al Amor que no es amado. San Francisco Marto nos invita también a nosotros a consolar y ser consolados por Jesús en la Eucaristía.
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