Mi cruz no la llevo solo
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- Categoría: P. Augustin Kalamba
Hace diez años que el P. Augustin Kalamba, sacerdote de la Archidiócesis de Kananga (República Democrática del Congo) fue ordenado sacerdote. Durante este tiempo, ha podido comprobar que el sacerdote tiene infinidad de debilidades, pero, a pesar de eso, si imita verdaderamente a Jesucristo y se agarra a la cruz, al final de su vida serán recompensados todos los esfuerzos realizados. El P. Augustin es feliz porque sabe que nunca está solo. El Señor sale siempre a su encuentro para ayudarle a afrontar las dificultades de cada jornada.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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