Mi alma buscaba la Verdad
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- Categoría: D. Luis F. Ochoa de Aranda
D. Luis F. Ochoa de Aranda, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), desde los dieciocho años había sacado a Dios de su vida para poder vivir como él quería. Una vez terminados los estudios universitarios, por temas de trabajo, siempre andaba viajando de un lugar a otro. Durante una estancia en México recibió la noticia de la muerte de su hermano. Fue un momento muy doloroso que le obligó a parar en seco y a hacer un exhaustivo examen de su vida. Este acontecimiento le hizo reavivar la necesidad de encontrar la verdad, el sentido último de la vida. Después de desechar todo lo que el mundo le proponía como verdad y que realmente no lo era, se encontró finalmente con la única Verdad: Jesucristo.
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Los cristianos tenemos el privilegio de tener dos madres: nuestra madre de la tierra y nuestra madre del Cielo, la Virgen María, que es Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Cómo es posible que habiendo recibido este gran regalo nos olvidemos tanto de Ella? Dios, conociendo las necesidades del hombre, quiso poner a nuestro lado a su madre para tener un modelo de entrega total a Dios, una mujer que renunció a lo más grande que tenía, su Hijo, para que la humanidad entera fuese redimida. El P. José María Escudero, Misionero de Cristo Rey, considera imprescindible que el sacerdote acuda en oración a la Virgen María fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, porque es su madre y, en segundo lugar, porque Ella quiere ayudarle para que desarrolle su ministerio sacerdotal unido firmemente a su Hijo Jesucristo.
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