Jesucristo nos mandó predicar
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- Categoría: D. Santiago Arellano
El sacerdote tiene como misión principal predicar el Evangelio. Por ello, el sacerdote debe dejar al margen de su predicación tanto sus gustos como sus opiniones personales. La palabra de Dios nos fue revelada por Él mismo de una forma concreta y así es como debe comunicarse a las almas, sin modificarla. D. Santiago Arellano —sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón»— anima a sacerdotes y fieles a ser verdaderos testigos de Jesucristo, sin máscaras, sin miedo al qué dirán ni a quedarnos solos. Tenemos que predicar la palabra de Dios con valentía.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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