Hay que enamorarse del ministerio
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- Categoría: D. Enric Roig Vanaclocha
En este programa de «El Sacerdote», D. Enric Roig Vanaclocha, presbítero de la Archidiócesis de Valencia, desarrolla tres puntos fundamentales dentro de la vida del sacerdote: el amor por el ministerio, la conciencia de ser trabajadores de la mies del Señor y la innegociabilidad de la oración. El sacerdote debe desempeñar su ministerio unido en todo momento al Señor porque, si no lo hace, no dará fruto. No se trata de trabajar por trabajar, sino de preguntarse: ¿Qué me pide Dios hoy? Las cosas que hago, ¿las hago por amor o por cumplir con el deber, o peor aún, para ser considerado por los demás? Para poder responder a estas preguntas, es necesaria la oración constante. Es aquí donde el sacerdote descansa en los brazos de Dios y se restituyen sus fuerzas. Por supuesto, el sacerdote no puede olvidar que la mies no es suya, sino de Dios, que se la ha confiado en sus manos para que la cuide y haga prosperar.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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