La ordenación no da la perfección
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- Categoría: D. Fernando Altolaguirre
La ordenación sacerdotal, nos explica D. Fernando Altolaguirre, sacerdote de la Diócesis de San Sebastián (España), no es el final de la formación del presbítero, ni le libera de la lucha espiritual. Además, el sacerdote sigue siendo humano y, por lo tanto, limitado. Pero es cierto que, a partir de la ordenación, cuenta con el auxilio de la gracia de Dios de forma predilecta, ya que es «otro Cristo en la tierra». D. Fernando nos explica cómo debe vivir un sacerdote y cuál debe ser el centro de su vida para que su ministerio no se mundanice.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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