Nos unimos a Jesús en la Eucaristía
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- Categoría: D. Lucas Blanes
En esta última edición con D. Lucas Blanes, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), vemos la importancia que tiene la misión del sacerdote, ya que es el único capaz de traer a Jesús en la Eucaristía y de perdonar los pecados. Muchas veces corremos el riesgo de acostumbrarnos a lo más preciado que nos ofrece la Iglesia: la Eucaristía. La Eucaristía lo es todo, y no puede ser que un cristiano se acostumbre. «Es el alimento que ceba leones», es el descanso de nuestras almas, es verdadera fortaleza en la batalla contra los enemigos del alma. El sacerdote no destaca por haber sido un buen futbolista o por ser guapo e inteligente. No, el sacerdote destaca porque es otro Cristo en la tierra, actuando así in persona Christi, evitando que las almas se condenen mediante el sacramento de la reconciliación.
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Los cristianos tenemos el privilegio de tener dos madres: nuestra madre de la tierra y nuestra madre del Cielo, la Virgen María, que es Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Cómo es posible que habiendo recibido este gran regalo nos olvidemos tanto de Ella? Dios, conociendo las necesidades del hombre, quiso poner a nuestro lado a su madre para tener un modelo de entrega total a Dios, una mujer que renunció a lo más grande que tenía, su Hijo, para que la humanidad entera fuese redimida. El P. José María Escudero, Misionero de Cristo Rey, considera imprescindible que el sacerdote acuda en oración a la Virgen María fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, porque es su madre y, en segundo lugar, porque Ella quiere ayudarle para que desarrolle su ministerio sacerdotal unido firmemente a su Hijo Jesucristo.
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