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P. Luke DeMasi, SHM
Entrevistamos en este bloque de «El Sacerdote» al P. Luke DeMasi, Siervo del Hogar de la Madre, ordenado sacerdote hace apenas tres años. Tras una juventud turbulenta, Dios le dejó claro dos cosas: «Tienes que dejar las malas amistades y después tienes que ser mi sacerdote». La Virgen María le ayudó a dar su sí al Señor y, gracias a Ella, hoy es sacerdote. Profundizará en la importancia de acudir a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. También explicará la diferencia entre vida sacerdotal diocesana y vida sacerdotal religiosa y hablará de su actual experiencia de apostolado con los jóvenes en Irlanda.
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El P. Luke DeMasi, Siervo del Hogar de la Madre, recuerda que la Santa Misa no es una simple «representación» del sacrificio de la Cruz, sino que es el mismo sacrificio del Calvario. Destaca cuánta necesidad hay de oración y de reparación a causa del abandono y las ofensas que en la actualidad sufre el Señor en este sacramento. Los sacerdotes deben desempeñar su ministerio sacerdotal en fidelidad no a sus propios ideales, sino a la Palabra de Dios.
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«Yo quiero que tú seas mi sacerdote. Quiero que tú vayas donde Yo quiero ir, que seas mi representante en esta tierra». El P. Luke DeMasi, Siervo del Hogar de la Madre, fue ordenado sacerdote el 29 de abril de 2017, fiesta de Santa Catalina de Siena. Descubrió ese día que, tras ungirlas con los santos oleos, esas ya no eran sus manos, sino las de Cristo, y que tenía que ser consciente de lo que hacía con ellas. Pero lo que más le marcó fue la celebración de su primera Misa, al elevar por primera vez la Eucaristía y comprender lo que es el cuerpo de Cristo.
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«Yo quiero que tú seas mi sacerdote. Quiero que tú vayas donde Yo quiero ir, que seas mi representante en esta tierra». El P. Luke DeMasi, Siervo del Hogar de la Madre, fue ordenado sacerdote el 29 de abril de 2017, fiesta de Santa Catalina de Siena. Descubrió ese día que, tras ungirlas con los santos oleos, esas ya no eran sus manos, sino las de Cristo, y que tenía que ser consciente de lo que hacía con ellas. Pero lo que más le marcó fue la celebración de su primera Misa, al elevar por primera vez la Eucaristía y comprender lo que es el cuerpo de Cristo.



