Nada sin Dios 9/10
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- Categoría: D. Valentín Aparicio Lara
La misión del sacerdote es poner en el centro del mundo a Dios. Don Valentín nos ayuda a profundizar en el misterio del amor de Dios que nos quiere regalar su propia vida divina. El amor busca ser correspondido y no hay mayor sufrimiento que cuando es rechazado. El sacerdote que quiere llevar el amor de Dios al mundo primero ha de estar lleno de ese amor él mismo. Tampoco se trata de hacer muchas cosas sino de hacer lo que Dios quiere de nosotros, esa es la clave de la santidad.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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