La misericordia del Padre
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- Categoría: D. José García Hernández
El sacerdote no solo es ministro del sacramento de la confesión, sino sujeto del mismo. D. José García Hernández —sacerdote de la Diócesis de Alcalá de Henares— confiesa que, desde su ordenación sacerdotal, cada año se siente más indigno de este ministerio, más pequeño y más necesitado de la gracia de Dios. A través de este sacramento ha podido ver todas las heridas que el pecado genera y cómo Dios intercede por medio de él borrando todas las faltas y sanando al alma que desea acercarse al Señor y ponerse de nuevo en camino hacia la santidad.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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