Me salvó su misericordia
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- Categoría: D. Salvador Romero
D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), a pesar de haber recibido una educación cristiana por parte de su familia, ya a los quince años se desvió de su camino olvidándose completamente de todo lo aprendido. Debido a las malas influencias de su entorno, acabó metido en el mundo de las drogas. Sorprendentemente, a pesar de encontrarse en esa situación, sentía fuertemente la presencia del Señor intentando prevenirle de los peligros que su alma podía sufrir si seguía viviendo de esa forma. Solo muchos años después, tras una oración en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, recibió la fuerza que necesitaba para apartarse definitivamente del mundo del pecado. Y, tras un largo camino de conversión, descubrirá que ha sido elegido para ser solo de Dios.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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