D. Salvador Romero

Entrevistamos en este nuevo bloque de «El Sacerdote» a D. Salvador Romero, sacerdote diocesano de Valencia (España). Con quince años se dejó fascinar por los placeres del mundo, que le alejaron por completo de su fe. Sin embargo, la Virgen María nunca le abandonó y se encargó de reconducir su camino para que descubriera la misión que el Señor le tenía preparada: consagrar toda su vida al servicio de Dios como sacerdote. En torno a él ha nacido una pequeña comunidad carismática llamada «Somos hijos de Dios», cuya misión principal es profundizar en la paternidad de Dios y en lo que significa e implica ser hijo de Dios.

El ministerio sacerdotal

Para cerrar este bloque de «El Sacerdote», D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), tocará dos puntos importantes dentro del ministerio sacerdotal: el sacramento de la confesión y la oración del sacerdote. D. Salvador aclara que la confesión no es un acompañamiento psicológico de la persona, sino una sanación del alma que, arrepentida de sus pecados y con propósito de no volver a pecar, busca el perdón de Dios. Con respecto de la oración, todos los cristianos debemos tener fe en que nuestra oración es poderosa, pero el sacerdote debe creer esto con mayor fuerza, ya que él es Alter Christus y, a través de él, Jesucristo quiere derramar abundantes gracias en las almas de los fieles para fortalecerles en su lucha por alcanzar el Reino de los Cielos.

La Sagrada Eucaristía

¿Sabes cuál debe ser el centro de la vida cristiana? ¿Te han explicado quién se encuentra en la Sagrada Eucaristía? D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), nos responde a estas dos preguntas ahondando en el misterio de la Santa Misa. Él nos anima a acudir a este sacramento no solo el domingo, para cumplir el precepto dominical, sino todos los días. Si te ofrecieran un tesoro, no dudarías en ir a por él, esté donde esté; pues con mayor razón, deberíamos acudir diariamente a la Santa Misa, donde Jesucristo se nos da entero, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Este es el gran tesoro que el Señor ha querido dejarnos hasta que Cristo vuelva.

La oración es imprescindible

D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), nos advierte de los diferentes peligros que corre nuestra vida espiritual si no guardamos un tiempo de nuestro día para la oración. Por medio de la oración, preferiblemente ante el Santísimo Sacramento expuesto, nuestra alma entra en comunicación con Dios y Él nos descubre los designios que tiene para nuestra vida. De este momento del día, junto con el sacramento de la Eucaristía que recibimos en la Santa Misa, los cristianos obtenemos la fuerza y la gracia necesarias para enfrentar el combate espiritual. Si lo descuidamos, nos arriesgamos a vaciarnos de Dios y, llenos solo de nosotros mismos, nos acabaremos alejando de Él.

La maternidad de María

D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), atribuye a su madre su devoción a la Virgen María. Desde muy pequeño, su madre le animaba al rezo del rosario y a tener una relación cercana con María. Al inicio de su conversión, D. Salvador traerá a la memoria todas estas enseñanzas que recibió durante su infancia. El día en que decidió realizar la consagración a la Virgen María, temía si iba a ser capaz de ser fiel a su promesa, pero su madre le animó diciendo: «Tú hazlo, que Ella pondrá el resto». Y así fue. Desde ese día ha sentido muy cercana la presencia de María y su ayuda en los momentos más difíciles de su vocación.

 

Me salvó su misericordia

D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), a pesar de haber recibido una educación cristiana por parte de su familia, ya a los quince años se desvió de su camino olvidándose completamente de todo lo aprendido. Debido a las malas influencias de su entorno, acabó metido en el mundo de las drogas. Sorprendentemente, a pesar de encontrarse en esa situación, sentía fuertemente la presencia del Señor intentando prevenirle de los peligros que su alma podía sufrir si seguía viviendo de esa forma. Solo muchos años después, tras una oración en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, recibió la fuerza que necesitaba para apartarse definitivamente del mundo del pecado. Y, tras un largo camino de conversión, descubrirá que ha sido elegido para ser solo de Dios.

Dios quiere sanarte

D. Salvador Romero —sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España)— recuerda que, igual que proporcionamos diferentes cuidados a nuestro cuerpo para que se mantenga sano, del mismo modo, nuestra alma necesita ser cuidada espiritualmente. La Iglesia nos facilita el acceso a estos cuidados espirituales por medio de los sacramentos de la confesión y la Eucaristía, la oración, la dirección espiritual y otros que D. Salvador explicará. El sacerdote es el primero que tiene que tener esto en cuenta, ya que su misión principal es velar por la santificación de las almas que el Señor le encomienda en su ministerio sacerdotal.

Mis manos están consagradas

D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), no recuerda haber reflexionado durante su infancia y juventud sobre la posibilidad de ser llamado por Dios para ser sacerdote. De hecho, por diversas circunstancias, pero en especial por la atracción del mundo, acabó alejado de la Iglesia durante un tiempo. Hoy, tras catorce años de sacerdocio, D. Salvador Romero solo da gracias a Dios por haberle elegido, convencido de que el único sentido de su vida es ser instrumento para que Cristo pueda llegar a las almas a través de los sacramentos, especialmente el de la Sagrada Eucaristía.

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