Mis manos están consagradas
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- Categoría: D. Salvador Romero
D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), no recuerda haber reflexionado durante su infancia y juventud sobre la posibilidad de ser llamado por Dios para ser sacerdote. De hecho, por diversas circunstancias, pero en especial por la atracción del mundo, acabó alejado de la Iglesia durante un tiempo. Hoy, tras catorce años de sacerdocio, D. Salvador Romero solo da gracias a Dios por haberle elegido, convencido de que el único sentido de su vida es ser instrumento para que Cristo pueda llegar a las almas a través de los sacramentos, especialmente el de la Sagrada Eucaristía.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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