El mérito no es nuestro
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- Categoría: D. Santiago Carbonell
El sacerdote siempre corre el peligro de olvidarse de que su ministerio lo ha recibido de Dios y no debería gloriarse por lo que hace, sino glorificar a Dios constantemente por haber querido utilizar sus pobres manos para hacer llegar a todos los hombres su gracia. D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), lo tiene muy presente. Sabe que las conversiones de las que ha sido testigo no han sido obra suya, sino solo de Dios y que, cada vez que pronuncia las palabras «Esto es mi Cuerpo» y «Esta es mi Sangre», Jesucristo mismo utiliza sus manos para hacerse presente bajo las especies de pan y vino. Esto es un misterio que solo se entiende si uno se pone las gafas de la fe porque, desde una visión meramente humana, es imposible de comprender.
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El P. Matthew Nobrega experimentó por primera vez la llamada a los 15 años. El Señor le mostró, a través de una homilía, su vocación sacerdotal. A pesar de querer responder con prontitud, fue arrastrado durante algunos años por el mundo, dejando la idea de ser sacerdote como un mero recuerdo, hasta que, en la universidad, comenzó a experimentar más intensamente la necesidad de entregarse por completo a las cosas de Dios. Tras un largo discernimiento, entró a formar parte de los Siervos del Hogar de la Madre, para ser sacerdote y religioso.
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