A través de la confianza
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- Categoría: D. Miguel Ángel Catalán
D. Miguel Catalán nos habla del sacerdote como hombre de moral, integridad e indicación, pero —a la vez— misericordioso en el ejercicio del sacramento de la Reconciliación. Nos recuerda que, antes de buen confesor, se debe ser buen penitente. Por eso, el sacerdote debe ser el primero que vive el perdón en sí mismo, facilitando el acceso a él a todos los feligreses.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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